Me fui de vacaciones y ni me tomé la molestia de dejar una nota explicando mi ausencia en el Blog. Lo siento, gente.
Este viaje comenzó con una triste noticia a la que, por suerte, siguieron muchos momentos felices. Por esto agradezco a mi familia y mis amigos.
Prometo escribir sobre la travesía transcontinental y los encuentros cercanos del tercer tipo en los próximos días. Mientras tanto, les dejo una anécdota fresca de hoy.
Sabes que es primavera en el hemisferio norte porque el sol sale más temprano, hace menos frío, las ramas de los árboles se llenan de hojas verdes y los animales aparecen con sus nuevas crías.
Es hermosa la primavera. Tanto así, que uno respira un poco más profundo, camina un poco más lento y observa con más detenimiento sus alrededores.
Sin embargo, es posible que toda esta armonía se conjugue para provocarle a uno un susto. Me explico:
Iba manejando por una gran avenida a eso de las 6:00 AM. El sol apenas despuntaba, por lo tanto la naturaleza se iba revelando poco a poco: Primero la copa de los árboles, luego las ramas del medio, las casas, las cercas, la calle y de repente: UN GANSITOOOOOO!

IRRRRRCHHHHHHHHHH, HONK HONK!
Faltando cuatro metros para llegarle, logre esquivar al pobre plumífero con una maniobra de volante que ni el mismísimo Steve Mc Queen hubiera completado a tiempo.
Por el espejo retrovisor pude ver que el ganso no se movió ni un centímetro, no se le cayó ni una pluma… y yo con el corazón en la mano.
Endemoniada primavera.
Foto: XTS en http://ulocal.koco.com/_Canada-Goose-Chick/photo/3880814/63269.html
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