Multitud de abejas con su maestra, que juntas salen de una colmena para formar otra colonia.
25/2/11
HVG
"Hay cinco grandes generales en la historia del Mundo: Alejandro de Macedonia, Conquistador de Oriente; Napoleón Bonaparte, Héroe de las Galias; George Washington, Forjador de la Independencia Americana; Simón Bolívar, Libertador de las Américas; y Mustafa Kemal Atatürk, Fundador de la Turquía Moderna", decía mi abuelo, en tono de declamación, con una cara muy seria que luego terminaba en sonrisa.
La frase no era parte de ninguna conversación. No se trataba de que alguien le hubiera preguntado, Oye Humberto, cuáles son los mejores generales de la historia? Simplemente eran sus verdades, verdades que tenía que compartir con el mundo, como le habían enseñado sus tíos, a través de la declamación y la poesía.
Sabía una enorme cantidad de poemas. Había uno que le recitaba a mi abuela que hablaba de una guitarra, y una golondrina en un balcón, y el beso de la mujer amada... pero yo nunca logré memorizarlo. Soy de otra época y la declamación no se me da también.
Amaba la música de Ludwig Van Beethoven y le gustaba mucho contar la historia detrás de su composición favorita: La Tercera Sinfonía. Decía que el alemán se la había dedicado a Napoleón Bonaparte por defender los valores de la Revolución Francesa, y que cuando el General se auto coronó Emperador de Francia, Beethoven borró con tanta fuerza la dedicatoria de la partitura que rasgó la primera hoja.
Así como Bonaparte, mi abuelo era bajito y también estaba enamorado de Josefina.
Europa era uno de sus temas favoritos. Le encantaba Francia y los franceses. De vez en cuando me soltaba frases en francés y se reía hasta que los dos ojales que tenía por ojos se le llenaban de lágrimas de felicidad. Decía que el mejor cantante del mundo era Maurice Chevalier y que el Palacio más hermoso era Versailles.
Era un enciclopedista, no porque siguiera a estos filósofos franceses, sino porque amaba y leía con avidez cualquier enciclopedia. Decía que cuando estaba en la Academia Militar se tomaba sus horas libres para ir a la Biblioteca y leer de palmo a palmo Las Memorias del General O'Leary, quien fue, si mal no recuerdo, secretario personal de Simón Bolívar. Para mi abuelo la Literatura, la Historia y la Geografía eran temas cardinales en la educación de cualquiera.
Su pasión era volar, pero no en aviones. Eso lo hacían sus hermanos, pilotos de guerra. Él "volaba a caballo". "Has visto un hombre volar?", me preguntaba y seguidamente me mostraba una foto suya donde aparecía en pleno salto. Un hombre pequeño agazapado sobre un corcel negro, en el aire, volando. Era un gran jinete y un par de veces me llevó a ver competiciones de salto. De niña me probaba sus botas cada vez que lo iba a visitar a su casa, pero nunca me quiso llevar a clases de equitación, supongo que por el costo y porque en su cabeza siempre existía la posibilidad de que me cayera del caballo.
Deliraba por los dulce, así que después de la comida siempre reservaba espacio para un níspero, una natilla, o una torta de zanahoria, a la que aderezaba con el melado que traía el dulce de higo o de lechosa.
Su secreto para cultivar los cambures (bananos) más dulces era echarle azúcar a la tierra que rodeaba la planta y sus árboles de mango todavía siguen dando cosecha para que mi abuela haga su famosa jalea.
Si me enfermaba, la visita incluía un trozo de milhojas o selvanegra y una acema andina para que desayunara bien. "El ejercito avanza conforme tenga la panza", me decía al tiempo que me entregaba los dulces.
Era un hombre generoso con personas y animales por igual. Bromeaba que le hubiera gustado ser perro y aunque no era cariñoso con los canes o los felinos sí se preocupaba de que estuvieran bien alimentados y vacunados. Él trajo a casa mi primera mascota, un loro real al que llamé Pepi.
Me enseño a amar los periódicos y a admirar a los columnistas de opinión. Fue el único que recibió con beneplácito la noticia de mi cambio de carrera: "Me alegra mucho mija que haya decidido estudiar periodismo. Si seguía de ingeniero iba a terminar barriendo calles". Mi mayor orgullo es que pudo leer varios de mis escritos mientras trabajé en su periódico favorito.
También fue, junto con mi abuela, mi compañero de viaje. Durante diez años fuimos juntos a Estados Unidos Se caló Disneyworld a una edad donde nadie debería ser obligado a visitar un parque de diversiones, me llevó al Carnagie Hall, al Empire State, a visitar el monumento a Lincoln, a ver el Charles River y el lugar donde está enterrado Paul Revere.
Al final, la longevidad de sus antepasados probó ser una carga más que una bendición. Nadie quería que se fuera, pero él hacía tiempo que nos había dicho adiós. Una tarde, después de que todos sus amigos ya hace mucho que habían partido, y ahora cuando recibía noticias de la muerte de colegas mucho más jóvenes, me pidió que rezara por él para que se fuera rápido. Unas semanas después escribió un poema de despedida para mi abuela, que dejó firmado y protegido bajo el vidrio que cubría el tope de su escritorio. Al lado, estaba la carta de felicitación del Secretario de Defensa de los Estados Unidos, Robert McNamara, por una misión cumplida.
Tiempo después de cumplir 93 años una neumonía se lo terminó de llevar.
Desde entonces ya ha pasado un año y es por eso que ahora digo:
"Hay seis grandes generales en mi historia del Mundo: Alejandro de Macedonia, Conquistador de Oriente; Napoleón Bonaparte, Héroe de las Galias; George Washington, Forjador de la Independencia Americana; Simón Bolívar, Libertador de las Américas; Mustafa Kemal Atatürk, Fundador de la Turquía Moderna y HVG, Héroe sin par en los ojos de su nieta".
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